Por las dificultades asociadas al recuento de individuos, un parámetro interesante para evaluar el estado de la población es el grado de ocupación de los cantaderos (Fig. 7). La ocupación es más fácil de comprobar ya que, aunque no se localice ningún ejemplar, sí pueden detectarse sus excrementos en la zona de canto, comprobando si dicha zona está siendo utilizada en la temporada concreta (Obeso et al. 2003).
Fig. 7.jpg
Las causas del declive de la población se deben a la bajísima tasa de producción de juveniles más que en la mortalidad de los adultos. La tasa de reclutamiento de juveniles en la población cantábrica se evalúa anualmente mediante el desarrollo de batidas con la ayuda de perros en las zonas potenciales de reproducción. Los resultados agrupados de los muestreos realizados en varias localidades cantábricas en 1988 y 1989 y entre 1997 y 2000 aportan un valor de productividad media anual de 0,37 jóvenes/hembra (Grupo de Trabajo del Urogallo, 2004; Obeso et al. 2003), muy alejado de valores próximos a 2 que corresponderían a poblaciones en equilibrio. Se trata por tanto de un valor muy bajo e insuficiente para compensar la tasa de mortalidad y evitar el declive progresivo de la población. Este hecho descarta como causa del declive la mortalidad de los adultos, que aún produciéndose, no es el factor responsable de la acusada merma de las poblaciones. No obstante, muchos pueden ser los factores que tengan afección sobre la producción de juveniles, como el estado fisiológico de las hembras, la depredación sobre huevos y pollos, o condiciones climáticas adversas en los primeros días de vida que con frecuencia son causa de la muerte de numerosas polladas (Grupo de Trabajo del Urogallo, 2004).
Según Alvarez et al. (2005) la meteorología, junto con la calidad de hábitat y la presión de depredación, son los factores responsables en su mayor parte de este bajo valor de productividad y su variabilidad interanual. Las condiciones meteorológicas en primavera son la clave para la adecuada nutrición de las hembras durante la formación de los huevos. Si a mediados de abril aumenta rápidamente la temperatura, las hembras tendrán suficiente cantidad y variedad de plantas brotadas y germinadas justo en el momento en que más las necesitan. A medida que avanza la primavera y entra el verano también la meteorología influye en la reproducción, ya que si a finales de mayor y primeros de junio el tiempo es más seco y cálido, se favorece una mayor producción de artrópodos asociados a las matas de arándanos y que tan importantes son para los jóvenes urogallos en pleno crecimiento.
De acuerdo con la Asociación para la Conservación del Urogallo (ACU) (www.tetrao.org) y Álvarez et al. (2005) las amenazas que hoy en día podemos encontrar en las poblaciones de Urogallo cantábrico son:
a) AMENAZAS GLOBALES
  • Cambio climático
El nacimiento de los pollos de urogallo durante la primera quincena de Junio está programado para coincidir con un periodo de abundancia de invertebrados. Desde un punto de vista climatológico, el retraso en la llegada del periodo más cálido y retrasa a su vez la aparición de los insectos en el estrato arbustivo del bosque, lo que podría reducir las tasas de supervivencia de los pollos durante las primeras semanas de vida.
A escala más general, el cambio climático también puede estar reduciendo el hábitat óptimo para el ave, relegando a la especie a altitudes cada vez mayores en nuestros bosques montanos.
b) AMENAZAS GENERALES
  • Fragmentación del hábitat
El urogallo es un ave muy sensible a la alteración del hábitat y, de hecho, su presencia en una zona resulta muy indicativa del estado de conservación de ésta. El urogallo ocupa masas forestales boreales o montanas con hábitats adecuados para su supervivencia. La fragmentación y desaparición de estas masas boscosas provocan rápidos declives poblacionales del ave y favorecen la aparición de bordes forestales y pastos, ecotonos más favorables para los predadores del urogallo y para su acción predatoria.
La fragmentación del hábitat del urogallo dificulta la consolidación de una metapoblación estable de aves e intensifica el impacto de otras amenazas sobre la especie.
  • Cambios de uso
Los cambios de uso del suelo han modificado la estructura del bosque y de su estrato arbustivo. Se desconocen hasta que punto estas modificaciones en el uso del medio, provenientes en muchos casos del abandono de la ganadería extensiva y de los aprovechamientos madereros, han podido influir sobre las poblaciones de urogallos.
  • Predación
La deforestación los cambios de usos del suelo, la aparición de recursos alimenticios provenientes de asentamientos humanos y la disponibilidad de carroñas por las altas densidades de ungulados domésticos y salvajes en nuestros montes pueden estar favoreciendo el desarrollo de determinadas poblaciones de carnívoros.
Altas densidades de predadores oportunistas como el zorro, la marta, la garduña o diversas especies de córvidos pueden perjudicar las posibilidades de supervivencia de huevos, pollos y adultos.
  • Competencia con herbívoros
Los herbívoros, tanto salvajes como domésticos, son capaces en altas densidades de modificar la estructura forestal del bosque así como de dificultar la regeneración, reducir la biomasa y la producción de frutos de muchas especies arbustivas que, como el arándano o la gayuba suponen un recurso alimenticio de primer orden para la población de urogallos.
En sectores de la Cordillera cantábrica como los bosques de Riaño, Somiedo, Camaleño o Caso, donde las altas densidades de ciervo han dañado seriamente las acebedas y el dosel de arándano asociado a estos bosques, existe una clara correlación espacial entre altas densidades de ungulados y elevados declives de la población de urogallos.
c) AMENAZAS LOCALES
  • Molestias
La época de celo y la de invernada constituyen dos períodos del año en los que las molestias causadas por el hombre pueden acarrear severas consecuencias sobre la supervivencia o las posibilidades de reproducción de los individuos.
El turismo ornitológico y el de ocio relacionado con la visita a cantaderos durante las madrugadas primaverales pueden causar molestias a las aves en celo, provocando el desplazamiento de hembras y machos de sus lugares habituales de exhibición.
Igualmente la actividad cinegética y el tráfico rodado en áreas de invernada provocan esfuerzos energéticos severos a las aves durante el invierno al verse obligadas a escapar en un momento del año en el que hay una gran escasez de recursos tróficos.
  • Mortalidad no natural
El choque directo sobre tendidos eléctricos, cerramientos ganaderos o remontes en las estaciones de esquí es una de las principales causas de muerte de aves adultas en nuestros bosques. La eliminación de estos factores de riesgo mejorará la tasa de supervivencia de adultos y con ello el futuro de la especie.
Otra causa de mortalidad no natural es la caza furtiva que en algunos casos ha causa la desaparición de aves en determinados cantaderos y la regresión general de la especie en muchos sectores.
Atendiendo a todas estas amenazas la supervivencia de los individuos, unidad última de conservación, depende por tanto del éxito en la obtención de alimento, evitando predadores o eligiendo hábitats más favorables cuando la climatología es adversa. El éxito reproductor implica superar diversas etapas como la elección del hábitat adecuado de nidificación a salvo de predadores de nidos, la conducción de los pollos a zonas de alimentación adecuadas para cada fase del crecimiento, o la elección por parte de los juveniles de zonas transitorias de dispersión.
De continuar activas las causas que han provocado el actual declive, las poblaciones cantábricas de urogallo se extinguirán en poco más de dos décadas, o bien se habrá llegado a una situación sin posible recuperación (poblaciones muy fragmentadas, muy por debajo de la población mínima viable, con tasas de pérdida del 40% de los efectivos en 2-3 años) (Obeso et al. 2003).